lunes, 16 de febrero de 2015

La voz de un destierro.

Silencios que nos olvidan,
entre nubes que pasan.
Aves que vuelan,
 sus sonidos nos cantan.

Sueños que viven fuera de la vida,
el mundo enloquecido es una puerta sellada.
La voz cargada de una palabra solitaria,
se nos va muriendo como si nada.

Callada una gota nos habla,
mientras el viento sigiloso nos mira,
la belleza de una flor nos susurra,
la tierra siente nuestra nostalgia.

El hombre es la voz de un destierro,
un naufrago en un mar lleno de olvido,
un cautivo en una isla sin dueño,
es el verbo de un dios mudo.

Recuerdos que nos sueñan,
verbos que se duelen y se quejan,
adiestrados para ser infierno, lloran,
por sus cadenas no se liberan,
no son vidas que vuelan.

Al bosque nunca le importó el universo,
las hojas ya no quieren ser verso,
el sendero no está hecho para ser sueño,
todo ruega que el hombre no se haga daño.

Los animales ya no quieren saber nada,
los peces no piensan en el mañana,
el sol brilla, no hay pregunta,
el gato maúlla, no hay respuesta,
hay una mirada, ella no sabe nada.

Nada sobre el infierno del hombre.
De largo pasa el vuelo
 de un bandada de pájaros..
en un atardecer vestido de colores purpuras.


Los pájaros se burlan,
de la vanidad de mi pensamiento,
se ríen del hierro del conocimiento.

Su mirada aunque nada piensa, sabe..
Sabe el pájaro que ha vencido.
Tiene alas, nada desea saber del mundo.
Vuela por el infinito, sin más verbo que su vuelo.
Su gracia es canto, su ser vive en el misterio.
Es un prodigio, son libres de la cárcel del mundo.









Maite Gras.